Bohemian Rhapsody

"One by one, only the good die young. They´re only flyin´ too close to the sun. And lifes goes without you"

El cine ya no es lo que era. Y esto lo podemos extrapolar también a la música. A este mundo que ha sido invadido con el reggaetón y grandes artistas como Pablo Alborán, Malú y Antonio Orozco (nótese el sarcasmo). La música se ha convertido en algo puramente comercial, en productos de diseño prefabricados. Seré rara, pero sigo prefiriendo escuchar a los Beatles que el dichoso "Despacito". Por eso creo que la película de Bohemian Rhapsody era necesaria, para volver a poner de moda a Queen y sobre todo a Freddie Mercury. Y alguno se me echara encima por decir esto, pero a Queen le hacía sobresalir la voz especial y única de su vocalista, y sobre todo la conexión que tenía con su público y la forma de transmitir. Su muerte prematura ayudó a mitificarlo, convertirlo en más que una estrella de la música, lo convirtió en leyenda. 

El título de la película hace alusión a la canción Bohemian Rhapsody, considerada por muchos críticos la mejor canción de la historia, para otros un batiburrillo sinsentido. Aunque en mi opinión no es ni de lejos la más conocida de la banda, son muchísimo más conocidas We will rock you o We are the champions (ambas se han convertido en himnos deportivos), creo que es la que más identifica a Queen. Esta canción fue compuesta en 1975 y es muy cercana a una rapsodia en cuanto a composición. Consta, por este orden, de una introducción a capella, una balada, un solo de guitarra, una segmento de ópera, una parte rockera y por última, una coda. Existen múltiples interpretaciones de su significado, el propio Mercury se llevó a la tumba el significado que le dio. Pero creo que ver a Freddie Mercury cantar al piano eso de "Mama, just killed a man, put a gun against his head" (mamá, acabo de matar a un hombre, le apunté con una pistola en la cabeza) es magia.

En cuanto a la película, hay algunos aspectos que me han gustado y otros que no tanto. Lo que más me ha gustado ha sido la elección del actor Rami Malek para el papel de Mercury. El parecido es asombroso, no me extrañaría nada que fuese nominado al Óscar. Malek nos lleva de la mano durante todo el film, desde los inicios de la banda hasta el concierto de Live Aid en 1985, haciéndonos revivir los veinte minutos más épicos del rock. O hacernos vivirlo por primera vez porque yo en 1985 ni siquiera había nacido. 

Los fans de la banda se quejan de las inexactitudes cronológicas y bueno, hay que tener en cuenta que es una película y no un documental. Creo que los datos que han cambiado han enriquecido la película y le han dado más fuerza dramática. Lo que menos me ha gustado a mí es que han pasado muy de puntillas por la mentalidad de Freddie Mercury. No se han mojado, en mi opinión. No se profundiza en el personaje ni se atreven a mostrarnos su parte más turbia, sus excesos, las drogas y el sexo desenfrenado. Tampoco nos muestran sus últimos años ni su muerte. Se queda muy light, muy para todos los públicos. Ya que haces una película biográfica, muestra todo: lo malo y lo bueno. Casi treinta años después no se va a ensuciar su imagen (sobre todo porque esa parte de su vida es conocida). 

En definitiva, una película que merece ser vista y pagar la entrada. Como película es más que correcta, entretenida, con buena música, emotiva y con la actuación estelar del protagonista. Imposible no sentirse volar del asiento con la canción We are the champions en el concierto de Live Aid. 

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De la mano (Testimonio de una enfermera), de Christie Watson

Mi familia suele bromear fantaseando con cómo sería yo de enfermera o en algún trabajo en el que implique tener que cuidar de otros. Cierto es que no tengo mucha empatía con los demás, no creo que se me diera bien ser enfermero o auxiliar de enfermería. En realidad, no creo que se me diera bien ningún trabajo que estuviera intrínsecamente relacionado con las personas. Soy una misántropa de la vida. Eso no quita para que no valore el trabajo de las personas que dedican su vida al cuidado de otras. 

Cuando el grupo editorial "Me gusta leer" me ofreció este ejemplar que acaba de salir a la venta (o acababa, ya que me he demorado un poco en la lectura) me pareció interesante, sobre todo porque me gusta mucho leer testimonios de mujeres. Sí, yo he leído grandes títulos de la literatura como "No sin mi hija", "He sido una mujer maltratada" y "Quemada viva".

Lejos del estilo cómico de "Enfermera saturada" (que no es mucho de mi agrado, quizás al no ser del gremio hace que no me identifique mucho con lo que cuenta), Watson nos lleva "de la mano", nunca mejor dicho, a través de sus veinte años de profesión. Me parece simpática la manera que ha tenido la autora de arrancar la obra relatándonos parte de su infancia y de cómo soñaba con profesiones que nada tenían que ver con la enfermería.

Realmente, llega a esta profesión un poco por el azar del destino. Después de dar tumbos en varios trabajos, llega a un centro de personas discapacitadas y por primera vez, siente que está haciendo útil que la realiza como persona. Así comienza su historia, nos cuenta en primera persona los entresijos de la profesión. Y aquí no hay censuras, nos hace un retrato fiel de su trabajo, así que si eres de poco estómago, este libro no es para ti. Si eres morboso, este es tu libro. Además, nos cuenta su experiencia con la muerte (enfermos terminales y cuidados paliativos) y la vida (asistencia a partos). Nos muestra injusticias inevitables, niños con enfermedades terribles y que mueren. En definitiva, nos muestra el día a día, que a nosotros nos parezca muy lejano que una niña de cinco años como Tia (que menudo nombre) tenga un tumor en la cabeza, que un niño tenga que someterse a una operación cerebral por un caso grave de epilepsia, no significa que no sea algo cotidiano en un hospital. 

Pero creo que el mensaje más importante que quiere transmitir la autora es que trabajo va mucho más allá que poner inyecciones o suturar heridas. A las enfermeras (y enfermeros, por supuesto) también se las llama "ángeles blancos" por la labor tan importante que hacen. Aunque bueno, eso es generalizar. También hay personas incompetentes ejerciendo como enfermeros y con muy poca psicología. Algún día contaré mi experiencia con la enfermera de pediatría, que me dio un cursillo acelerado sobre el sexo anal.

Por último, quiero destacar una cosa que me ha llamado mucho la atención sobre la edición del libro. Creo que no hay una sola coma bien puesta en ninguna página. Vale que las comas, en algunos casos, sean muy subjetivas. Pero son casos muy llamativos en los que se ve a la legua que chirrían. Y soy una #GrammarNazi pero cuando me adentro en las páginas de un libro no suelo fijarme en los aspectos gramaticales ni ortográficos, a no ser que sea algo especialmente llamativo. Por supuesto, no es culpa de la autora ya que se trata de una traducción. Ha sido error de la persona que ha corregido el texto y del editor que ha dado el visto bueno. Hago un llamamiento por si la editorial despide al corrector y quisiera contratarme a mí. 

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Los niños que no van al colegio

No soy muy fiel a la televisión, no encuentro programas que sean de mi interés y Netflix lo tengo un poco en el olvido. Prefiero leer a las series, pero como plataforma de entretenimiento uso Youtube. Me ofrece contenido que la TV no me ofrece. 

Así conocí a Sara Inisterra, youtuber que por inspiración de canales del palo de Verdeliss se ha subido al carro de vender la intimidad de sus hijos (menores) como medio de vida. Por casualidad, me topé con un vídeo que se titulaba "¿Por qué no llevo a mi hija al colegio?". Para el que no tenga constancia de ello, porque sorprendentemente hay personas que no conocen este dato, en España la escolarización no es obligatoria hasta los seis años, es decir, hasta Primaria.  Es una decisión muy personal y que no se puede tomar a la ligera y se deben analizar muy bien sus ventajas y desventajas. Como padre o madre hay que preguntarse si en casa van a poder suplir esas carencias que podrían llegar a tener frente a sus compañeros en un futuro. 

Los argumentos que expone esta mujer, en mi opinión, no hay por dónde cogerlos. Expone que su cometido en la vida es ser madre, crecer como madre y no aspira otra cosa. Es una opción como otra cualquiera, hay que respetarla aunque no la comparta en absoluto. No soy madre pero si llegara a serlo, me aterrorizaría la idea de ser solo madre. Que mi vida fuese eclipsada por mi prole y que mi vida entera girase entorno a mi maternidad. No disponer de tiempo para leer, para seguir formándome y expandiéndome como persona.  Pero bueno, ese no es el caso.

El caso es que la tal Sara no quiere perder tiempo de estar con su hija. ¿Eso no es egoísmo? Privar a su hija de la educación para realizarse ella como madre. Y si me dices que es una persona con estudios de educación infantil o de psicopedagogía, pues vale. Pero es una persona que dice que habiendo cuadernillos Rubio en el Carrefour, ¿para qué va a ir su hija al colegio? Y además, si se puede descargar fichas por Internet. Con dos cojones. Creo que no hace falta tener una titulación universitaria para enseñar a un niño a contar del uno al diez, pero sí que hace falta para detectar problemas de aprendizaje o psicomotrices. Es como decir que para qué vas a ir al médico si ya te puedes autodiagnosticar con Google. Soy la primera en meterme con los estudiantes de magisterio (desde el cariño, claro) pero me parece que tienen una labor y una responsabilidad muy grande, mucho mayor que la de un profesor de Secundaria o de Universidad.

Un comentario de este vídeo mencionaba el homeschooling, la educación en casa. Esos niños que son educados por sus padres en el hogar.  Esta práctica en algunos países es completamente legal y extendida, sin embargo en España no está muy clara la legalidad. Podríamos considerarla alegal, que baila entre dos aguas. Por un lado, la escolarización entre los 6 y los 16 años es obligatoria pero el Tribunal Constitucional en 2010 resolvió que la "invocada facultad de los padres de elegir para sus hijos una educación ajena al sistema de escolarización obligatoria por motivos de orden pedagógico no está comprendida en ninguna de las libertades constitucionales"

¿Cuál es la principal razón por la que estoy de acuerdo con este movimiento? Porque el sistema educativo que tenemos en este país está podrido, aparte de obsoleto. La sociedad ha cambiado y ahora tenemos unas necesidades distintas. Estamos totalmente digitalizados y tenemos la información a nuestro alcance en cualquier momento. No es importante memorizar datos, ¿qué sentido tiene memorizar la lista de los reyes Godos si todos tenemos móvil acceso a Internet? ¿No es más útil enseñar cómo filtrar la información y cómo manejarla? Tampoco le veo ningún sentido a memorizar contenidos como un loro, vomitarlos en un examen para que después caigan en el olvido.

En el colegio se estudia pero no se aprende, que son dos conceptos totalmente distintos. Y este método tan maravilloso que tenemos tan solo es aplicable al alumno "estándar". Últimamente se hace mucho hincapié en la atención a la diversidad pero no lo suficiente. Si tienes un hijo con síndrome de Asperger, disléxico o algo similar, enseguida buscarán recursos y soluciones. Pero si tienes un hijo con altas capacidades, no le van a hacer ni puto caso, cuando estos niños también tienen necesidades especiales.

Voy a contaros un poco mi experiencia como alumna. A mí me encanta aprender, el problema es que no me gusta estudiar (como he dicho, son dos cosas distintas). Me gusta buscar información por mi cuenta sobre temas que son de mi interés y como sabéis, mi pasión es la literatura. Muchas veces lo he contado en el blog, yo en quinto de primaria comencé a leer a Stephen King y empezaba a descubrir obras clásicas como Platero y yo. Mi nivel de lectura y de comprensión siempre fue muy superior al de mis compañeros, así que algunos pensaréis que llevaba una gran ventaja sobre ellos porque la base de la educación es la comprensión. ¿Yo era brillante en el colegio? Rotundamente no. Lo primero, me aburría en clase como una ostra. Y no, no porque me crea superinteligente y superior al resto de la humanidad y que me aburriera porque ya lo sabía todo. No, nada más lejos de la realidad. En serio, para mí era un calvario estar sentada en una silla durante ocho horas escuchando al profesor, no me eran nada productivas esas horas. Estudiar no se me daba bien tampoco, no creo que tenga problemas para memorizar ni para aprender, pero sí de concentración. No me cuesta ponerme a leer y comprender los temas, hacer resúmenes, esquemas pero cuando llega el momento de repetir como un lorito y meter con un embudo conocimientos en mi cabeza es un suplicio.

La Universidad la recuerdo como un calvario, además tenía el problema de vivir bastante lejos (tres horas de viajes todos los días) y unos horarios criminales. Después de dar muchos tumbos, tomé la mejor decisión que pude tomar y fue quedarme en mi puta casa y no ir a clase. Porque, ¿para qué iba a ir a clase si a mí ese tiempo que pasaba allí no me era productivo? ¿a estar ocho horas mirando la pared para luego llegar a casa reventada? Yo con mi buena voluntad me ponía en la mesa a estudiar pero ya no me daba a esas horas la cabeza. Así me inicié en la "educación a distancia", iba a clase a los exámenes y punto. Me descargaba de la web el temario que tenía que preparar y me imponía mi rutina. Si tenía dudas, me las resolvía yo misma mirando en los manuales o en Internet. Aprendía a mi ritmo sin perder de vista los objetivos. Después de la facultad todo lo he hecho a distancia.

Supongo que esta es una de las razones que llevan a unos padres a tomar la determinación de educar ellos mismo en casa. Eso sí, no creo que cualquier padre está capacitado para ello ni que sea la metodología adecuada para cualquier niño. He estado investigando un poco sobre esto, viendo distintos canales sobre familias de homeschoolers y la verdad es que me ha parecido muy interesante. Algunos optan por seguir el currículum establecido por el Estado, a su manera, pero se proponen alcanzar las competencias de cada nivel. Eso sí, a su particular manera y haciendo al niño partícipe de su propio aprendizaje. Por ejemplo, había una familia que los martes dedicaban una hora a conocer un país del mundo y sus costumbres. Cada niño investigaba por su cuenta sobre festividades, comidas típicas, idioma, vestimenta, cada uno a su nivel.

Además, se tienen muy en cuenta los intereses del niño. Por ejemplo, si alguien estudia la Antigua Grecia puede sentir más inclinación sobre la mitología, la literatura, la historia, las costumbres, etc. ¿Por qué no dar rienda suelta a la curiosidad por aprender e investigue sobre aquello que sea de su interés? Sí, hay que tener unos conocimientos básicos. Pero, ¿alguien se acuerda de lo que estudió en el colegio? ¿Os acordáis de las etapas de la Antigua Grecia? ¿Os acordáis en qué siglo vivió Alejandro Magno? Sin embargo, lo que se aprende con ganas no se olvida.

¿A vosotros qué os parece eso del homeschooler? ¿Qué pensáis de la educación actual? Contádmelo en los comentarios.

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Caperucita Roja (Especial Halloween)

 "Los años pasan y son tantas veces que he contado la historia, que ya no sé si la recuerdo de veras o si solo recuerdo las palabras con que la cuento" Borges
                                                                  


Os sorprenderá que haya escogido el tema de Caperucita Roja como especial de Halloween. Me diréis que se os ocurren muchos clásicos de terror para analizar, a saber, Frankenstein, El retrato de Dorian Gray, Drácula, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Otra vuelta de tuerca, entre otros muchos títulos. Sí, a mí también me parece que la literatura gótica es un buen tema para tratar en un blog principalmente literario en Halloween.
Pero no voy a hablar del cuento que todos conocemos y que a todos nos contaron antes de dormir, voy a ir mucho más allá. Voy a rastrear sus orígenes, sus distintas versiones. Los cuentos originales son mucho más escabrosos que las versiones de Disney, de hecho, haciendo un repaso por la filmografía de la factoría veremos una clara evolución. Comparad Blancanieves o La bella durmiente con Frozen, por ejemplo. O comparad Bambi o Dumbo con Rompe Ralph. Comprobaréis que estas últimas películas son más inocentes, menos oscuras. Y es que cada vez se tiende más a la sobreprotección de los niños. Aunque es cierto que los problemas a los que tenía que enfrentarse un niño en la actualidad -al menos en la sociedad occidental- no es lo mismo que a lo que debía enfrentarse un niño de la época medieval o un niño judío de la Segunda Guerra Mundial.

En primer lugar, tenemos que olvidarnos de que nosotros vivimos en una sociedad cuya cultura es escrita (ya sé que es algo debatible porque me podríais decir que es una sociedad audiovisual). Pero en cualquier caso, olvidaos de nuestra época e intentad viajar en el tiempo: sin Internet, sin radio, sin televisor. Y tened en cuenta un detalle: hoy en día la alfabetización en nuestra país ronda el 98% y quien más o quien menos ha tenido oportunidad de ir al colegio y de aprender a leer. Otro debate sería si la gente entiende lo que lee, pero no es el tema. Pero situémonos en ese viaje hacia atrás en el tiempo, la mayoría de personas normales y corrientes no tenían ni acceso a la educación ni tampoco sabían leer. No podían acceder a la prensa, ni leer libros, era una sociedad en la que la oralidad tenía muchísimo peso, era la única manera de transmitir un mensaje.

Si hay algún filólogo clásico leyéndome le sonará demasiado el ejemplo que voy a exponer, el de los poemas homéricos. Los demás, si tenéis algún ejemplar de la Ilíada o la Odisea, os invito a que los cojáis en vuestras manos. Pesan, ¿verdad? Muchos caeríais en el error garrafal de decir que "Homero escribió la Ilíada y la Odisea", y no porque aun se dude de la autoría de los poemas, sino que porque deberíamos decir que "Homero compuso" porque allá por el siglo VIII, en época de Homero, la escritura era un mero soporte para elaborar listas de víveres o enseres. Un ejemplo actual, la lista de la compra. Los poemas homéricos fueron compuestos de forma oral y se transmitían de la misma manera. Curiosamente, hay estudios científicos que postulan que las personas analfabetas tienen una capacidad de memoria muy superior al de personas que saber leer y escribir. Y digo curioso porque estas personas al alfabetizarse pierden todas sus facultades de memorización.

Teniendo esta parte clara, decir que definimos el cuento de hadas como una narración breve que con elementos de fantasía que pretenden dar una enseñanza. ¿Y qué tiene esto que ver con Homero? Pues que los cuentos aparte de entretener tenían la función de ser didácticos en una sociedad con poco acceso a la palabra escrita. Se transmitían oralmente de padres a hijos, de hecho seguramente pidas a una clase de veinte niños que te escriban el cuento de "Caperucita" y no habrá dos versiones iguales. Por ejemplo, mi abuela me contaba el cuento de Hansel y Gretel y la casa de la bruja en vez de chocolate y azúcar era de pan y pimiento. Hay ciertos cuentos que no serían extrapolables a esta diversidad de versiones porque el imaginario de Disney nos ha transmitido sus propias versiones de algunos cuentos (Blancanieves, Cenicienta, La bella durmiente, La sirenita) que aceptamos como únicas y verdaderas.

Como he dicho, los cuentos tienen una intención didáctica, moralizante y son necesarios para la evolución y madurez del niño. Los cuentos transmiten mensajes directos, implícitos y simbólicos, al alcance de sus pequeñas (pero a la vez grandes) mentes. Algunos cuentos se presentan en forma de advertencia de lo que el niño puede encontrarse a lo largo de su vida, en cierto modo son como una preparación para situaciones en las que puede llegar a encontrarse, pero se las presenta de un modo más simplista que la realidad. Cada cuento plantea una consecuencia a un acto moralmente cuestionable, por ejemplo, en el cuento que vamos a analizar, Caperucita no sigue las instrucciones que le da su madre de no desviarse del camino.

Por supuesto, el cuento tiene que tener un final feliz para el héroe y el malvado tiene que recibir un castigo. ¿De que otro modo podríamos impulsar a los  niños a portarse bien si no les presentamos el mundo como algo justo (aunque los adultos sabemos que no lo es)? . Además, el niño desea que el destino del cuento sea el mismo que este pretendía para el héroe. Por ejemplo, en Hansel y Gretel, la bruja quiere cocinar a los niños y finalmente, esta cae en el horno. Es necesario para el niño que al final el orden se restablezca en el mundo, que el mal sea eliminado del mundo del héroe.

Buscando información para esta entrada me ha parecido interesante la información obtenida acerca de la simbología. En los cuentos más clásicos (no sé si esto sería extrapolable a los cuentos más  modernos) que el protagonista sea un niño representa el desarrollo moral, mientras que si la protagonista es una niña representa el desarrollo sexual de la misma. Las brujas, las madrastras representan a las madres y el "complejo de Electra", etapa en una niña en la cual manifiesta amor por su padre y rivalidad por su madre. Por contraposición, tenemos a los gigantes, brujos, reyes que representan el "complejo de Edipo" (el caso contrario al de Electra). También tenemos a un personaje recurrente "el leñador o cazador" que representa a los hermanos mayores, una figura masculina paternal.

Centrándonos más en el quid de la cuestión, la primera Caperucita de la que se tiene constancia es medieval y se le atribuye a un tal Egberto. Escribió un breve poema en latín con una versión distinta pero con un dato que lo hace reconocible: la prenda roja que porta la niña. En este poema están ausentes la madre, la abuela y el cazador. Por lo tanto, no tenemos el elemento de la cesta ni hay dos caminos para elegir. Caperucita se adentra en el bosque y un lobo la caza para llevársela como comida a sus lobeznos. La moraleja que se saca de esta historia es que es una imprudencia adentrarse en el bosque.

Pero antes de Perrault circulaba otra versión del cuento por Italia y Francia, denominada "La falsa abuela". Empieza como el cuento que todos conocemos, pero al encontrarse al lobo, este le da dos caminos como opciones: uno de alfileres y otro de agujas. El lobo llega a casa de la abuelita antes que la  niña y la mata, la descuartiza, se come su carne y se bebe su sangre aunque deja una parte en la despensa. Cuando Caperucita llega, le ofrece la carne y la sangre. Entonces le pide que se desnude y se meta en la cama con él. Ella se despoja de su ropa y la arroja al fuego. Una vez acostada, comienza el diálogo que todos sabemos de: "abuelita, abuelita, ¡qué ojos tan grandes tienes!". Cuando el lobo pronuncia las palabras "¡Es para comerte mejor", la niña se da cuenta del engaño. Esta le dice al lobo que quiere ir al bosque a hacer sus necesidades y como no se fía de ella le ata un hilo al pie. Este se rompe y ella logra huir.

Lo primero que quiero decir, es que hay una clara connotación y simbolismo sexual en este cuento. Aunque los niños no lo perciban de este modo y se queden con el "no te fíes con desconocidos" y "no desobedezcas".  Recordemos que el que la protagonista sea niña simboliza el desarrollo sexual. La caperuza es del color de la menstruación, representa la menarquia y la pubertad. Al igual que en Blancanieves aparece el mismo significado pero representado mediante el símbolo de la manzana, o en el caso de La bella durmiente, la sangre al pincharse con la rueca. Como dato curioso, en las historias en las que transcurren varios años durmiendo a causa de un hechizo, ese despertar por el primer beso de un príncipe es el despertar sexual de la joven.

El hombre-lobo, como habéis podido adivinar, simboliza al hombre seductor (con connotaciones negativas, claro está). La niña, en este caso, mantiene una actitud activa y no se asusta de lo desconocido, le atrae el mundo exterior y ahí radica el peligro. Esa actitud ante lo desconocido también representa la adolescencia, esa etapa en la que se quiere descubrir el mundo por cuenta propia y no se piensan en los riesgos que se corren.  Esta historia iba dirigida a un público adulto y por lo tanto, no tiene moraleja.

Perrault, en cambio,  nos presenta a una niña indefensa a la que su propia sexualidad la pone en peligro. La figura del hombre-lobo también tiene esa connotación sexual, representa el peligro. Esa sexualidad de la niña no se aprecia en la historia que nos relata los hermanos Grimm y el lobo es un simple animal salvaje que quiere saciar su hambre, saciar su instinto y por eso se come a la abuela y a la niña. Los hermanos Grimm añade el personaje del cazador (figura paternal).

En cuanto a la simbología de los objetos, Perrault nos describe una cesta con una torta y una orza de manteca, que nos evocan a los ritos de iniciación dedicados a las divinidades femeninas como Atenea o Ártemis. En cambio, los Grimm hace que la niña porte vino y pastel. La madre insiste mucho en que tenga cuidado en no romper la botella. ¿Adivináis que simboliza la botella? La virginidad de la joven.

Si nos referimos a los lugares, nos encontramos el pueblo y la casa de la abuelita, que Caperucita reconoce como lugares seguros. Representan los lugares, en la vida adulta y en la infancia. Por contraposición, tenemos el bosque, el lugar donde habitan fieras salvajes y simboliza el camino a la iniciación.

El mensaje que quieren transmitir tanto Perrault como los hermanos Grimm son distintos. El primero quiere dar una advertencia a las jovencitas, provocarles miedo y que tengan cuidado con los hombres. En cambio, los mencionados hermanos no quieren asustar a los niños, sino educarlos en valores. Para ellos, esta historia tiene una finalidad didáctica.

Espero que os haya gustado esta entrada, me he dejado mucha información en el tintero pero prefiero sintetizar y que sea algo más corto. Me gustaría que me dijerais en los comentarios qué versión del cuento os contaban a vosotros, si creéis que hoy en día se les sobreprotege demasiado a los niños, cuáles son vuestros planes para Halloween.  Me despido con una canción, "Caperucita" de Ismael Serrano, y como siempre, os pido que si os ha gustado la entrada me sigáis por mis redes sociales y me sigáis en el blog.


El trío de la ouija (Especial Halloween)

La infancia es una etapa de la vida que se tiene difuminada, es un espacio de años borrosos que se clarean con lo que te han contado, lo que has visto en fotos y en vídeos. Haced la prueba e intentar imaginar vuestra etapa escolar, tan solo recordaréis pinceladas y algunas situaciones concretas. Al menos yo, tengo recuerdos como si fuesen recortes de viejos periódicos, que no puedo ordenar cronológicamente. Pero la historia que os voy a contar hoy la recuerdo como si fuera ayer. 

Nos situamos al final de sexto de primaria, aun me quedaban un par de meses para cumplir los doce. Por entonces, me juntaba con una niña de mi clase, llamémosla "X" porque no sé qué fue de ella (bueno, sí sé, porque soy una stalker profesional, pero oficialmente no sé nada) y no tengo su permiso para mencionarla. Y no sé si a los demás les ocurría lo mismo, un día de repente te volvías  amiga del alma de otra niña durante unos cuantos días y después ya no volvíais a hablaros. Eso nos pasó con "S", que la conocíamos de judo (sí, yo hacía judo, creo que lo conté en otra entrada). Las tres fuimos "el trío de la ouija"

 Por aquella época yo era muy fan del terror, mis películas favoritas eran "El exorcista", "La matanza de Texas", "Scream" y mis libros de cabecera eran los de Stephen King. ¿Quién me iba a decir que años después pasaría de ser "La reina del Terror" a "La reina del Drama"? Que cambiaría el cine de terror por el cine independiente, por el cine de autor, por el dogma.. Si ahora no me falta imaginación, con once años era pura fantasía. Era la época de las leyendas urbanas, de los cuentos de terror, creo que todos pasamos por esa etapa de la infancia, que nos da morbo lo desconocido, lo del más allá.

¿No recordáis la leyenda urbana de "Verónica"? Si dices tres veces "Verónica" delante de un espejo aparece la susodicha y te mata con un cuchillo. Los niños de ahora son más snobs y cuentan la leyenda de "Bloody Mary" que es la versión americana. Pues creo que a partir de contar esas leyendas surgió la idea de hacer la ouija. 

Como he dicho, era final de curso, los días previos a San Juan. Una noche mágica, que en la actualidad la paso como una noche más, pero en mi infancia salíamos a la calle a ver las hogueras. Las pandillas del barrio hacían cada uno su hoguera y su "merendola" particular. El modus operandi que teníamos "X" y yo era el de acoplarnos a algún grupo que ya lo tuviera todo montado y aportar un paquetito de patatas fritas a cambio del bizcocho, tortilla, sandwiches y el chocolate que aportaban los demás. Éramos ya espabiladas.

Pues nada, que me voy por las ramas, decidimos hacer la ouija en el portal de "S". Pusimos una regla no escrita, una de las tres no jugaría por si nos pasaba algo a alguna de las otras dos. Vamos, que si una fuerza maligna apareciera, pensaría "ah, vale, tú eres caballito blanco. Venga, vete a la policía y cuéntales lo que está pasando, a ver si te creen".  Hicimos un tablero muy cutre con una hoja de papel, con el abecedario y con lo típico: "sí", "no" y no me acuerdo qué más. Lo raro es que no apareciera algún espíritu a darnos un guantazo por cutres, porque ¿qué nos costaba coger una tabla de madera, que estábamos en días previos a la sanjuanada? No creo que fuera algo que nos hubiera costado mucho esfuerzo conseguir. 

Imaginaos la situación, las tres en el portal, "S" y yo con el cutre-tablero y "X" de "caballito blanco". Invocamos al espíritu y la moneda, que seguramente sería de cinco duros porque ya he dicho que éramos muy cutres, y empezó a moverse. ¡Oh, magia! Hicimos la típica pregunta de: "¿hay alguien ahí?" Y nos respondió que sí. No me acuerdo qué le preguntamos con claridad, no me acuerdo qué inquietudes se tienen a esa edad. Yo le pregunté si algún día sería escritora (porque mi gran sueño siempre fue ser escritora) y me dijo que sí, que un día publicaría un libro que se llamaría "La triste Verónica". Y unimos conceptos, como la Verónica de la leyenda urbana. Pero la pregunta estrella es (fijaos nuestros problemas en aquella época) es a hasta qué hora nos dejarían salir nuestros padres en la sanjuanada. El espíritu nos dijo que a las doce. 

Y en medio del asunto, se me ocurrió decir "Si estás ahí, haznos una señal". De repente, escuchamos cómo cayó algo de una ventana. El "caballito blanco" corrió y galopó a ver qué había sucedido. ¡Alguien en el momento preciso había dejado caer un yo-yó de una ventana! ¿Casualidad? Misterios de lo oculto. Habría que llamar a Iker Jiménez.  Y entonces, empezó el terror. El espíritu no nos dejaba abandonar la sesión de ouija, "S" y yo estábamos en peligro, "X" estaba muy segura. Ella tiraba la piedra pero escondía la mano. Al final a la fuerza esa que nos hablaba del más allá le dimos pena y nos dejó irnos. 

Para concluir, debo decir que sí, el espíritu acertó. No nos dejaron quedarnos más de las doce la noche. El trío de ouija se disolvió y nunca volvimos a juntarnos con "S". Aquí paz y después gloria.

Si habéis vivido alguna experiencia paranormal, contádmela en los comentarios y si os ha gustado la entrada, seguidme en el blog y en mis redes sociales.