viernes, 6 de julio de 2018 |

La ópera de los opuestos, de Adrián Fernández Bejarano

"Hoy he vuelto al pueblo después de tantos circunloquios de asfalto adheridos en la mirada, las suelas y los pulmones. Después de aburguesar mis piernas con el petróleo, mi tiempo con la ruina y mi alma con externas imposiciones. Después de vagar y divagar por callejones sin salida, en busca del trabajo prometido y la vida acomodada y perniciosamente solitaria, que heredaríamos de manos de aquellos que se solapan tras los "señores" de las promesas incumplidas. Hoy he vuelto tras una larga ausencia de mí mismo, donde la aceptación de la desidia y el tedio como algo natural e intrínseco a la condición humana, atenazaban mis esperanzas e ilusiones de progresar y prosperar dentro de una excluyente sociedad"


Lo primero, pedir disculpas por este par de semanas que he estado ausente en el blog, pero necesitaba tiempo y la verdad es que no he leído mucho últimamente. Agradecer aquí a mis amigos el apoyo que me están dando, que son de lo más preciado que tengo. 

En segundo lugar, agradecer a Adrián Fernández Bejarano (cuya web dejo aquí, por si hay alguien interesado en adquirir el libro) por mandarme un ejemplar de su obra "La ópera de los opuestos", publicada por la editorial Círculo Rojo, el cual he disfrutado mucho. 

Con un aire bucólico, el autor nos remonta al verano de tres adolescentes (llamados  a sí mismos El Sorollo, El Halcón y El Leopardo, no creo que sus nombres sean pura casualidad) en el pueblo. Ese pueblo al que todos iban cuando eran niños, con río donde bañarse, con huertos donde robar tomates, con árboles donde construir cabañas, con lugares idílicos donde zambullirse en un buen libro. Ahí es donde iban los demás niños, yo como no tenía pueblo me quedaba en mi barrio tan muerta de asco como Manolito Gafotas en Carabanchel Alto.  

Desde las primeras palabras, como ya he dicho, la novela bebe del bucolismo, la idealización de la vida en el campo y de la naturaleza, un movimiento artístico que ya observamos desde la época de los romanos, por ejemplo, en Virgilio. Para el que no lo sepa, cogí mucha manía a Virgilio mediante la traducción de su "Eneida" y debo confesar que nunca llegué a terminarla. Sin embargo, las églogas sí las leí y las disfruté. Si es que en el fondo soy un poco rústica..

Los tres protagonistas se hallan en una edad muy complicada, en la que empiezan a plantearse cuestiones existenciales. Y es que en mi opinión, en la sociedad subestimamos a los adolescentes cuando son pequeños grandes filósofos, en plena ebullición hormonal, en pleno descubrimiento del mundo, el adolescente divaga y reflexiona. Además, es una historia de búsqueda de la personalidad, de autodescubrimiento, de querer crecer demasiado deprisa  (y las consecuencias de esto). 

Pero, sin duda, el tema principal de la obra es la búsqueda de la madurez mediante la dicotomía entre el instinto y la razón, y el equilibrio entre ambos. Cada uno de los personajes, representa (o intenta buscar) cada uno de estos elementos. Como ya dije, sus nombres no son mera casualidad. Aunque debo confesar que me costó un poco descubrir a qué venía el nombre de El Sorollo, hasta que mi cabeza hizo "click" y se me encendió la bombilla. Imagino (que igual hasta me columpio) que hace referencia a Joaquín Sorolla y a su equilibrio entre la luz y la sombra. 

Quiero mencionar (porque son dignos de mención) los personajes de Apolo y Dioniso, dos adultos que sirven como guías a los protagonistas. Me recuerda un poco al "Mito de la Caverna" de Platón, en el sentido de que, lentamente, les van sacando de las sombras hacia la luz. Y claro, siendo yo filóloga clásica, las referencias a la mitología me encantan. Tampoco sus nombres son casualidad. No estudié a Nietzsche en Bachillerato, pero para algún trabajo sobre tragedia griega sí que tuve que echar mano de él 

Lo apolíneo y lo dionisíaco son dos elementos contrapuestos. Apolo, hijo de Leto y gemelo de Artemisa, dios del sol, de la belleza. Representa la RAZÓN, la armonía, la civilización. Mientras que Dioniso, hijo de Zeus, era el dios del vino, del exceso, en otras palabras, representa el INSTINTO. Según la teoría, todos llevamos un poco de Apolo y de Dioniso dentro, a veces nos domina más uno que otro y por eso es necesario encontrar un equilibrio entre ambos. 

Supongo que me he perdido muchos detalles por el camino de esta lectura, ya que la Filosofía no es ni lo que más me gusta ni lo que mejor se me da, pero he disfrutado mucho leyéndolo. Me ha encantado respirar reminiscencias a autores como Lorca o Machado. ¿Es cosa mía o se respira poesía en el libro? Entre la lírica y la novela, entre Herman Hesse y los posfreudianos, entre la razón y el instinto. Os lo recomiendo.

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1 comentarios:

Devoradora.de.libros dijo...

Hola! Gracias por la reseña, este título no es para mi, lo dejaré pasar. Nos leemos :)

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